Todo comienza en el viñedo, donde las uvas pisqueras alcanzan su punto óptimo de madurez. En Pisco Montteiro, la cosecha se realiza seleccionando racimos con equilibrio natural entre azúcar y acidez, asegurando una fermentación limpia y una expresión aromática auténtica. Aquí no hay atajos: la calidad del pisco nace en la uva.
Las uvas se prensan cuidadosamente para extraer el mosto fresco, evitando la ruptura excesiva de semillas que pueda aportar notas indeseadas. La fermentación ocurre sin intervenciones agresivas, permitiendo que las levaduras transformen los azúcares en alcohol de manera natural. Este proceso, vigilado con atención artesanal, preserva los aromas primarios de la variedad y define la personalidad del futuro destilado.
El corazón del proceso está en el alambique tradicional de cobre. La destilación se realiza en una sola etapa —como dicta la tradición pisquera peruana— sin rectificaciones posteriores ni adición de agua.
El maestro destilador controla cuidadosamente el fuego, separando las “cabezas” y “colas” para conservar únicamente el “corazón” del destilado: la fracción más pura y aromática.
El cobre del alambique cumple un rol esencial, eliminando impurezas y aportando suavidad al perfil final.
Tras la destilación, el pisco reposa en recipientes inertes que permiten su estabilización sin alterar su esencia. Este descanso armoniza los componentes aromáticos y redondea su estructura, respetando la transparencia y pureza que caracterizan al auténtico pisco artesanal.
Fieles a la normativa y a la tradición, en Pisco Montteiro no se añade agua, ni se envejece en madera, ni se realizan mezclas artificiales. El resultado es un destilado cristalino, elegante y estructurado, que expresa con honestidad la identidad del terroir y la maestría del alambique.